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Nunca digas nunca

¡Ah! ¡Por fin! ya es hora de dormir. Ya cumplí mi jornada laboral, preparé la comida, lavé los platos, por la tarde caminé 5 kms y ahorita voy a leer mi libro y descansar.

Mis hijos están en sus respectivas habitaciones, están bien y saludables, Gracias Dios mio. Mi libro está interesantísimo ya leí dos, tres páginas zzz zzz zzz

La noche transcurre con calma, la casa está silenciosa, completamente a oscuras. Mis hijos y yo dormimos. A lo lejos, un grillo. Cri-cri-cri. Las luciérnagas iluminan con su luz la negritud.

zzz zzz zzz

zzz zzz zzz

Miau

Miau

Miau prrrrrrr ¡Miau! MiauMiauMiauMiauMiau

Medio intento abrir los párpados con mucho trabajo, y gatito Jack está mirándome fijamente, con su rostro a exactamente un milímetro del mío.

¡Miau!

Girando sobre mi propio eje, me doy la vuelta y quedo de frente al otro lado de la cama.

Ppprrrrrrr miau miau pprrrrrrr

Gatito Jack se sube a mi costado, queda como esos chivos que se cuelgan de las montañas más verticales, y continúa su discurso, cada vez con más indignación:

¡Miau! ¡Miau! ¡Miau!

Con su cabecita se acerca a la mía, a la altura de mi barbilla y empuja. Muy adormilada, levanto una mano y comienzo a hacerle cuchi cuchi, acaricio el lomo, la espalda, su cabecita. El ronroneo se intensifica pues Gatito Jack ha logrado lo que quiere; irónicamente, el ronroneo me hace dormir de inmediato.

zzz zzz zzz zzz zzz

¡Miau! ¡Miau! También hace un ruidido que no es miau ni tampoco prrrrr es como un pequeño grito. El círculo vicioso se repite: con maullidos me despierta, intento acariciarlo, se incrementa el ronroneo y me hace dormir, y de nuevo con maullidos me despierta.

Para mi la experiencia de ser mamá es maravillosa y le doy muchas gracias a Dios, sin embargo las levantadas por la noche porque querían leche o querían que duermas con ellos o quería Pablo mecerle la hamaca, fueron para mi un suplicio y duraron años, años de años. Cuando finalmente recuperé mis noches de sueño completas, me prometí a mi misma que nunca volvería a tener una mala noche.

Hasta que llegó Gatito Jack. Esto ya se volvió un hábito. Gatito Jack pasa la mayoría de la noche quién sabe dónde, y según mis estimaciones, por ahí de las 3 am o 4 am aparece en mi cuarto para hacer este número arriba descrito.

Finalmente me paro, bajamos las escaleras -esto en sí es otra aventura, pues se me enreda en los pies y varias veces he estado a punto de darme buenos porrazos- y le doy su desayuno y yo me preparo mi café.

Nunca digas nunca.